Qué buscan hoy los clientes en materia ASG y clima
Katherine Pulgarín, en colaboración con sinCarbono
6/15/20269 min read


Hoy, las organizaciones enfrentan un entorno donde reguladores, clientes, colaboradores e inversionistas exigen, cada vez con más claridad, evidencia concreta de que los compromisos van más allá de las palabras. En este contexto, ¿qué es lo que realmente buscan los clientes cuando se acercan a una consultoría especializada en sostenibilidad y estrategia climática?
Katherine Pulgarín, Consultora senior líder del área de sostenibilidad en Ruíz Díaz Corona & Castellanos (RDC&C) y el equipo de sinCarbono, comparten desde sus trincheras las tendencias, desafíos y oportunidades que están definiendo la agenda empresarial en México y Latinoamérica.
Las expectativas han cambiado: ya no basta con decir que se es sostenible
Hace una década, incluir un capítulo de responsabilidad social en el reporte anual era suficiente para proyectar una imagen responsable. Hoy eso no alcanza. Los grupos de interés (clientes, inversionistas, bancos, reguladores y los propios colaboradores) han elevado el estándar: quieren saber qué hace la empresa, cómo lo mide y qué está haciendo al respecto.
Referentes internacionales como la CSRD europea, las normas del ISSB (IFRS S1 y S2) y su adaptación al contexto mexicano a través de las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS) han redefinido lo que significa reportar de manera seria. Ya no se trata de narrar lo positivo, lo bueno, lo mejor; sino de revelar impactos, riesgos y oportunidades con evidencia verificable.
En paralelo, el mercado está enviando señales cada vez más claras. Los bancos incorporan criterios ASG en sus análisis de crédito. Los inversionistas institucionales condicionan sus decisiones a la calidad de la información no financiera. Los clientes corporativos exigen que sus proveedores cumplan estándares ambientales y sociales mínimos. Y los profesionales más talentosos eligen empleadores que demuestren coherencia entre su discurso y su operación.
La pregunta más frecuente: ¿cómo ser una empresa sostenible?
Cuando una organización toca la puerta buscando orientación en sostenibilidad, rara vez llega con un diagnóstico claro. La pregunta de entrada casi siempre es: “¿cómo podemos ser sostenibles?” Pero detrás de esa pregunta, por lo general, hay uno o varios grupos de interés que están presionando, pidiendo respuestas que la empresa todavía no tiene.
Lo que ha cambiado en los últimos años es que antes, la sostenibilidad era una iniciativa voluntaria, impulsada desde adentro por equipos convencidos del tema. Hoy es, con mayor frecuencia, una exigencia que llega de afuera y que no admite postergarse. En sectores como servicios financieros, retail, bienes raíces y energía, la sostenibilidad se ha convertido en un requisito de entrada: para acceder a ciertos financiamientos, para participar en determinadas licitaciones, para retener a clientes que han elevado sus estándares de cadena de valor.
El verdadero reto de los reportes: consolidar información útil para la toma de decisiones
Cuando acompañamos a una organización en su primer proceso de reporte, el hallazgo más recurrente es la ausencia de información confiable. Porque la mayoría de datos están dispersos, medidos con criterios distintos en cada área y sin ningún vínculo con la toma de decisiones estratégicas.
Este es el reto real del reporte ASG: elegir la herramienta metodológica correcta, construir la capacidad interna de medir lo que importa, de forma consistente y con responsables claros. En sectores a los que pertenecen algunos de nuestros clientes como servicios financieros, retail, bienes raíces y energía, lo hemos visto repetidamente: las organizaciones publican reportes que describen su gestión, pero que raramente la transforman.
Los comités de sostenibilidad efectivos cambian esa dinámica porque crean el espacio institucional donde los compromisos se convierten en responsabilidades asignadas, con fechas y con seguimiento. Cuando ese mecanismo funciona, ahí si el reporte se convierte en esa herramienta de gestión que todos mencionamos.
Estrategia real versus narrativa corporativa
Hay una trampa en la que caen muchas organizaciones: confunden tener una estrategia de sostenibilidad con haber escrito una. El resultado suele ser un documento robusto, pero que no mueve una sola decisión operativa. Nadie en finanzas lo consulta al armar el presupuesto. Nadie en compras lo considera al seleccionar proveedores. El plan existe, pero la organización sigue funcionando exactamente igual que antes.
El problema está en cómo fue construido el plan. Cuando la estrategia de sostenibilidad se diseña de manera aislada el resultado es un documento coherente que no logra arraigar en la operación. Como sostiene Alejandro Salazar Yusti en su libro: La estrategia emergente, la estrategia no nace de un plan ideal; emerge de lo que la organización realmente hace. Es filosofía aplicada: principios que sólo tienen valor si se traducen en cambios concretos en la manera de operar, asignar recursos y generar valor.
En sostenibilidad, esto se vuelve especialmente crítico. Por eso, el enfoque de materialidad que propone GRI ofrece una lógica que vale la pena tomarse en serio: primero identificar qué temas son realmente prioritarios para el negocio y sus grupos de interés y después construir la estrategia sobre esas prioridades. Reportar avances, sí, pero también retrocesos. Esa honestidad es la única manera de que el ejercicio sirva para algo más que la comunicación externa


La agenda climática
sinCarbono, plataforma climática empresarial
El impulso estratégico: quiénes miden y por qué
Desde sinCarbono, el perfil de las organizaciones que buscan apoyo en la medición de su huella de carbono y estrategía climática ha evolucionado. Hoy en día, la iniciativa no sólo llama a los grandes corporativos, sino también a empresas en crecimiento que necesitan gestionar múltiples sedes o cadenas de suministro.
¿Qué las motiva a dar este paso? La respuesta es que hoy la gestión de emisiones ya no es solamente un tema ambiental, sino una herramienta estratégica impulsada por los siguientes factores clave:
Punto de partida para la acción: No se puede reducir lo que no se conoce. El inventario de emisiones es el primer paso para establecer metas reales de reducción.
Eficiencia y reducción de costos: Durante el proceso de medición suelen identificarse áreas de mejora, abriendo la puerta a optimizaciones energéticas y operativas que generan ahorros económicos directos.
Presión de la cadena de valor y ventaja comercial: Las grandes corporaciones exigen cada vez más datos ambientales a sus proveedores. Tener esta información lista facilita la retención de clientes y el acceso a nuevos mercados.
Acceso a financiamiento: Muchas instituciones financieras consideran el desempeño ambiental dentro de sus criterios de evaluación, por lo que una adecuada gestión climática puede facilitar el acceso a inversiones y financiamiento sostenible.
Transparencia y reporte: Permite estructurar reportes públicos y de sostenibilidad que respondan a las crecientes expectativas de inversionistas, colaboradores y la sociedad.
La revelación de los resultados
Cuando una empresa se enfrenta por primera vez a los resultados de su medición de huella de carbono, generalmente les sorprende el peso que tienen las emisiones de alcance 3. Esto suele venir de una idea prevista. La mayoría asumen que sus emisiones más significativas provendrán del consumo eléctrico de sus oficinas o del uso de combustible para sus operaciones y vehículos propios (Alcance 1 y 2).
Sin embargo, los datos revelan que frecuentemente más del 70% u 80% de las emisiones de una organización provienen de la cadena de valor, incluyendo la compra de materias primas, el transporte y distribución tercerizado, la gestión de residuos o incluso los viajes de negocio. Es decir, la mayor parte del impacto está fuera del control directo de la organización, lo que fomenta a la empresa repensar su relación con proveedores
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El reto de descarbonizar en Latinoamérica
Más allá de tener datos precisos, la acción climática en nuestra región implica entender y adaptarse al contexto local. En México y Latinoamérica, significa optimizar procesos, transicionar hacia la eficiencia energética dentro de las limitaciones de la redes eléctricas nacionales y buscar financiamiento para implementar dichas estrategias.
Hoy en día, la brecha más frecuente entre la intención de reducir emisiones y la ejecución real se centra en la falta de alineación entre el área de sostenibilidad (que muchas veces no existe) y el área de finanzas. Muchas organizaciones plantean objetivos de reducción ambiciosos, pero cuando llega el momento de ejecutar, no existe un presupuesto asignado o no plantean una ruta de descarbonización alcanzable y medible.
La trampa del “Net Zero”, “Carbono Neutral” y otros errores comunes
En su experiencia acompañando a diversas organizaciones, el equipo de sinCarbono ha identificado errores frecuentes cuando las empresas dan sus primeros pasos climáticos. El más común es intentar compensar antes de reducir. Muchas veces se fijan metas a corto plazo sin tener siquiera una línea base, impulsados por presiones de ser “sustentables”.
Esto suele ocurrir a causa de una confusión entre dos conceptos clave. Por un lado, ser Carbon Neutral permite a las empresas "equilibrar" su impacto comprando compensaciones (offsets como proyectos de reforestación o energías renovables). El problema es que muchas organizaciones se van directamente a este paso para obtener la etiqueta, pero sin ninguna intención o iniciativa real para disminuir sus propias emisiones.
Por otro lado, el concepto de Net Zero exige primero una reducción de emisiones de gases efecto invernadero (GEI), dejando la neutralización únicamente para aquellas emisiones residuales que son difíciles de reducir, logrando y manteniendo este equilibrio tanto en su año objetivo de cero neto como en los próximos años.
Otro error frecuente es ver la medición como un ejercicio aislado de "cumplimiento" de una sola vez, en lugar de integrarlo como un indicador continuo durante los próximos años. Las empresas a veces gastan sus recursos en medir, pero no definen un plan de mitigación, por lo que el esfuerzo se pierde.


Guía para una estrategia climática: los pasos prioritarios
Para las organizaciones que desean avanzar con una estrategia climática, sinCarbono sugiere tres pasos principales:
Establece límites organizativos y operativos: El proceso de definir qué instalaciones son relevantes, y qué actividades, productos y servicios se incluirán en el inventario de emisiones. Esto involucra identificar emisiones, directas o indirectas, asociadas a sus operaciones.
Calcula tus emisiones: No se puede gestionar ni reducir lo que no se mide. El primer paso es realizar un inventario de GEI, idealmente alineado a estándares internacionales como el GHG Protocol, que abarque los tres alcances.
Reduce tus emisiones: Al identificar las mayores fuentes de emisión, implementa estrategias de reducción a corto (sustitución de combustibles, eficiencia energética, energías renovables, etc.) y a largo plazo (gestión de residuos, evaluación de proveedores, gestión hídrica, etc.)
La sostenibilidad y el clima: agendas inseparables
Aunque muchas organizaciones siguen ubicando el cambio climático exclusivamente dentro de la agenda ambiental, la realidad es más compleja. Las consecuencias climáticas tienen implicaciones sociales y económicas directas para las empresas y las comunidades.
Eventos extremos como lluvias intensas, inundaciones o afectaciones a la infraestructura productiva evidencian que el cambio climático impacta directamente la continuidad de los negocios, las cadenas de suministro y el bienestar de las personas.
Los líderes de hoy en materia de sostenibilidad y clima
Las organizaciones que lideran hoy la acción climática en la región son las que han dejado de ver la sostenibilidad como un factor de cumplimiento o como un proyecto aislado, sino que lo integran como una estrategia de negocio, involucrando tanto a la dirección general como a todo su equipo de trabajo.
Estas organizaciones destacan por fomentar una cultura de conciencia interna en temas ambientales, es decir, no solo buscan medir para cumplir con su reporte. Además, se apoyan de herramientas verificables y expertos al buscar estándares globales y alianzas estratégicas. Al ver la acción climática como una ventaja competitiva, se logra tener una correcta gestión de emisiones, lo cual ofrece múltiples beneficios a corto y largo plazo para la organización.


¿Qué viene para los próximos años?
Tres fuerzas marcarán la evolución de las expectativas en los próximos tres a cinco años. En lo regulatorio, habrá una exigencia creciente en el cumplimiento de normas de sostenibilidad. En lo tecnológico, la inteligencia artificial transformará la manera en que se gestiona y reporta la información. Y en lo social, las consecuencias visibles del cambio climático —lluvias extremas que cierran negocios en Yucatán, inundaciones que dañan infraestructura comercial en Medellín— ya no son hipotéticas: son la realidad operativa de las empresas en la región.
Un mensaje para quienes aún lo ven como costo
Todas las señales de cambio están encendidas. La naturaleza, las personas, la economía nos está pidiendo cambiar para hacer las cosas mejor. Tenemos todas las capacidades intelectuales y físicas, solo debemos organizarnos con el aspecto financiero para hacerlo realidad.
Hoy en día, el riesgo financiero es la falta de acción. Los mercados globales, las grandes cadenas de suministro y las instituciones financieras ya consideran la acción climática y las iniciativas de sostenibilidad dentro de sus criterios de evaluación. Un director o tomador de decisiones que decide postergar su estrategia climática por ahorrar dinero hoy, está limitando a su empresa para acceder a capital y la pone en riesgo de perder contratos clave o incluso enfrentar penalizaciones ante las nuevas regulaciones.
Por el contrario, cuando la acción climática se aplica como una herramienta estratégica desde la dirección general, la perspectiva cambia por completo. Se convierte en una ventaja competitiva a través de la cual se descubren posibles mejoras de eficiencias operativas, se impulsan innovaciones, se atraen mejores colaboradores y se abren nuevos mercado.
Ruíz Díaz Corona & Castellanos, S.C.
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